Ya hemos llegado a Diciembre de 2012

Según se nos ha sugerido por la tradición, lo escrito y lo percibido por nuestra propia intuición, un ciclo de expresión de Vida llega a su fin y un nuevo ciclo da comienzo. Todos sabemos que no nos encontramos ante un paso rutinario de un calendario cualquiera, donde una semana le sucede a la otra, sino que, en la misma medida que el Ciclo Vital del Sol se repite cada día para todos, así el impulso de “Aquel del Cual nada se puede decir” nos urge, con su latido divino, a ajustar nuestras pequeñas vidas a Su Propósito, y que va más allá dela Vida tal como nosotros la podemos concebir.

        Y ese latido resonará en nuestro interior,  en el interior de todos los Reinos de la Naturaleza, con la intensidad y vivencia, que hombres y dioses seamos capaces de intuir. Y, así, en la proporción adecuada a la visión que cada alma, individual, grupal o divina, perciba de nuestro “Padre en los Cielos”. El latido divino nos debe llevar a reajustar nuestra armonía divina mediante el impulso de esa Voluntad que mantiene la armonía del Macrocosmos de los Logos y Dioses y de el microcosmos que subyace en la aparente sencillez de cada uno de “sus hijos” más pequeños.
        Debe ser un impulso coordinador que bañe espacios materiales de manifestación y espacios de vacío y silencio en los que los devas se regocijan de el y, por nuestra parte, en la sentida necesidad de que nuestra hermandad,  con ellos, quede patente a través de la inspiración hacia mundos más elevados, la luz, el color y la estructura del pensamiento expresado en la forma y en la síntesis…
        No importa como ha llegado cada uno de nosotros a este momento. Lo importante es que ya estamos en él. Nos hemos situado en el lugar del espacio-tiempo que hemos considerado útil para nuestro propósito de Vida. Para unos ha sido una vida de esperanza y preparación; para otros puede haber supuesto un despertar reciente; para otros es, todavía, un fugaz desconocimiento. Pero… para todos ha supuesto un afán evolutivo de vidas y vidas en las que este momento estaba escrito en su particular “Libro de la Vida”.
        El miedo, el temor y la fatalidad que envuelven a la Humanidad son ilusiones que nos ha esclavizado durante miles de años. Sólo nuestros propios registros internos saben cuantas veces hemos llorado por el “Paraíso perdido”, cuantas veces nos hemos dirigido a los dioses, sea Zeus, Amón, Baal o Manitú…, que más da, reclamando “Su” bendición a través del Amor y de la Justicia.  De cuantas veces hemos dirigido nuestro corazón a Horus, Apolo o Krisna… para ser cubiertos por el manto del Amor y la protección. De cuantas veces hemos rogado que la Luzdespejara toda oscuridad…
        Dicen los que saben, dicen los que presienten, dicen los que oigo muchas veces y comparto mi vida con ellos, que Cristo, todos los Cristos, todos Ellos expresión viva del Amor de Dios, preparan Su retorno. Aquí en la Tierra, en el Sol, en Neptuno o en cualquier lugar alejado de la Constelación de Orión… todo es cuestión de espacio-tiempo y de ilusión… y, con el Amor… la Luz y la Síntesis de lo conseguido en nuestros esfuerzos anteriores y la visión de la meta del infinito futuro…
        No me queda, pues, sino felicitarme y felicitaros ya que “aquello” que silenciosamente hemos esperado tantos tiempos ya se comienza a percibir más allá de las fechas concretas y los días señalados… Tan solo me invade un deseo y es que cada uno de nosotros, en su puesto de trabajo,  seamos capaces de honrar al Propósito Divino y honrar “Su Humanidad”,  de la que somos expresión,  de forma que percibamos, ya definitivamente, que el camino hacia nuestro reconocimiento como “Hijos de Dios” no es una quimera, sino una realidad que va tomando expresión como Fuego, Vida, Unidad y Vacío Creador en el Altar del Corazón. Altar en el que oficiamos revestidos de blanco….
        Felicidades, pues, a todos. Y os propongo brindar con el Cáliz que hasta ahora ha sido de sacrificio y que, más pronto que tarde, lo será más allá de espacios y dimensiones, de Común-Unión entre sus criaturas… Como dice un buen amigo mío… de Sacro-Oficio.
        De forma que, tal como demandamos cada día, con una mirada esperanzada al cielo,… “Se restablezca el Plan de Dios en la Tierra”.
Juan A. Sánchez
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