“El Elefante Encadenado”, Jorge Bucay (Cuento)

 

Pese a las circunstancias, nunca hay que resignarse.  Hay que seguir adelante, siempre  adelante… Si te caes, levántate. No importa las veces que te caigas, lo verdaderamente importante es las veces que te levantas y vuelves a intentarlo. Ahí radica el valor de tu hazaña.

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“Cuentos para Aprender a Aprender”, J.Mª. Doria (libro gratis)

Valiosísimo libro de cuentos llenos de sabiduría. Una joya para releer las veces que sean necesarias.

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“Las Alas son para Volar”

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo:  “hijo mío, no todos nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado”…

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“Buda y el Ciervo” (Cuento)

 

Había un joven monje que queria conocer a Buda y ser discípulo suyo. Había escuchado que estaba predicando en un pueblo y se dirigia hacia allí. Por el camino se encontró a un anciano que acarreaba una gran carga de leña y decidió desviarse un poco para ayudarlo y acompañarlo a casa. Cuando al fin llegó al pueblo, Buda se habia marchado.

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“El Jardinero” (Cuento de Sabiduría)

Era un paisaje imponente, toda la tierra aparece blanca, cubierta de un grueso manto de nieve;  solo la blancura perdiéndose en el horizonte es visible.  Desde lejos el viajero se destaca como un punto negro en aquella inmensidad. . .  pequeño, solo. Pero acerquémonos a él, algo muy interesante lo debe haber llevado hasta este paraje. . .una fuerza superior lo debe sostener, pues solo un corazón muy valeroso puede atreverse a enfrentar esta soledad. . . .Escuchemos lo que piensa, unámonos a él en esta difícil  travesía . . .!

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Barriendo Impurezas – Cuento Tibetano

 

 

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Cuentan  que un hombre mayor que había recorrido años y  kilómetros en la  búsqueda del camino espiritual, se topó un día con un  monasterio  perdido en las sierras.
Al llegar allí, tocó a la puerta y pidió a los monjes que le   permitieran quedarse a vivir en ese lugar para recibir enseñanzas  espirituales.
El hombre era analfabeto, muy poco ilustrado, y  los monjes se dieron cuenta  de que ni siquiera podría leer los textos  sagrados, pero al verlo tan motivado  decidieron aceptarlo.
Los monjes comenzaron a darle, sin embargo, tareas que, en un principio, no  parecían muy espirituales..
-”Te encargarás de barrer el claustro todos los  días” -le dijeron.
El  hombre estaba feliz. Al menos, pensó, podría reconfortarse con el   silencio reinante en el lugar y disfrutar de la paz del monasterio,  lejos del  mundanal ruido.
Pasaron los meses, y en el rostro  del anciano comenzaron a dibujarse rasgos  más serenos, se lo veía  contento, con una expresión luminosa en el rostro y  mucha calma.
Los monjes se dieron cuenta de que el hombre estaba evolucionando en la  senda de la paz espiritual de una manera notable.
Un día le preguntaron: -”Puedes decirnos qué práctica sigues para  hallar sosiego y tener tanta paz interior?”
Nada en especial. Todos los días, con mucho amor, barro  el patio lo mejor que puedo.
Y al hacerlo, también  siento que barro de mí todas las impurezas de  mi corazón, borro los  malos sentimientos y elimino totalmente la suciedad de mi  alma”.
De  este modo el hombre se fue tornando un ejemplo para los monjes, quienes   comenzaron a admirarlo y a ofrecerles tareas más importantes, pero el  anciano  prefirió seguir barriendo las impurezas.
Y cuentan que un día su corazón quedó tan limpio y puro que despertó a la  conciencia universal, y aún así, continuó barriendo.
Hay dos maneras de difundir la luz, ser la lámpara que la emite, o  el espejo que la refleja”.
Lin Yutang
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